
Sensaciones extrañas de tristeza, morriña, alegría y desconsuelo se avecinan, o más bien ya están avecinadas, porque ya estoy en casita, en mi Burgos querido, y aún no me creo que el domingo no tenga que irme en el tren algo destartalado camino de Iruña, y al llegar allí decir que me quiero volver. Que las cosas pasan, y pasan más rápido de lo que creemos. Los exámenes han acabado, y con ellos las horas perdidas en la biblioteca y las películas de Disney porque no nos apetece estudiar. Que ya ha pasado un año, y todo ha sido muy distinto. Y tras el último examen de Discurso dejamos de ser los pardillos de 1º, aunque en el fondo también hemos dejado de ser los arropados y los novedosos... Y un cambio de residencia no le viene mal a nadie, ¿verdad?
Pero hay que pensar en positivo, que estamos en fiestas, sí señores, unas fiestas burgalesas pasadas (cómo no), por agua y por frío, pero como buena burgalesa, se sale en falda y se disfruta de la alegría y el calor de la gente. Que son momentos especiales que hay que aprovechar, y más teniendo las barracas al lado de casa... Tardes de teatro, música y color, y noches de más música, bailes y bebida (pero poca xD).
Y después de todo tocará estudiar, aunque con calma, que una sobredosis de Economía en verano puede ser muy pero que muy perjudicial para mi salud, y también hay que descansar.



